Colegio Profesional de Antropólogos del Perú.

 

COLEGIO PROFESIONAL DE ANTROPÓLOGOS DEL PERÚ 
LEY Nº 24166

EL CINE COMO DISCURSO ANTROPOLÓGICO

  • Los hermanos Lumiere
    Los hermanos Lumiere

Este trabajo trata de la cinematografía como un modo de ampliación de los discursos  antropológicos y el reconocimiento en ella de una función hermenéutica que va más allá de la de fuente, registro y medio que la investigación antropológica tradicionalmente le ha asignado. El cine, en la medida que permite varias lecturas, artística, técnica, histórica y social, es un lenguaje y como tal cabría preguntarle: ¿refleja, construye o interpreta la realidad? La primera parte del trabajo aborda  la polémica sobre la naturaleza del lenguaje, es decir, la historia de la relación entre las palabras y las cosas y, en la segunda parte, la vinculación entre el discurso etnológico y la cinematografía, entendida ésta como un “lenguaje alternativo” dentro del quehacer disciplinario antropológico.

I

La búsqueda de ser humano por comprender, aprehender, ordenar y clasificar la realidad es tan antigua como su condición de Homo sapiens sapiens,  Desde la antigüedad, cuando se practicaban los ritos mágico-religiosos, al inventar, invocar y mencionar el concepto se creía tener la cosa, la realidad a la que se pretendía aludir. Se creía que tener el concepto daba poder sobre las cosas.

En cada sociedad están quienes se apropian de ciertos conocimientos utilizando un lenguaje no sólo especializado para hablar de éstos sino también excluyente; es decir, ejercen ese poder que les da el hecho de hablar sobre ciertos temas y a su vez excluyen al hacerlo a los demás individuos que consideran que no tienen autorización para hacerlo porque no manejar dicho lenguaje (Bourdieu, 1983).

Con respecto al lenguaje existe una antigua polémica sobre la naturalidad o convencionalidad del mismo; polémica que enfrentó a Demócrito con Heráclito y más tarde, a Platón con los sofistas-; lo que estaba en discusión era la idea del lenguaje como retrato de la realidad. Este problema teórico que apasionó a los griegos en algún momento de su historia, se mantuvo vigente durante siglos; oponía, como mencionamos líneas arriba, a los que creían que las palabras significan de modo necesario y reflejan  ya sea por su  naturaleza, ya sea por su origen expresivo o por su estructura etimológica la realidad que nombran. Platón, en el Cratilo, es el más brillante representante de esta posición cuando sostiene que la verdad radicaba en el “mundo de las ideas”, inmutables y universales; en este mundo – el sensible – se “reflejan” dichas ideas pero de forma distorsionada, generando copias infieles. Por otro lado, se ubican los que sostenían que las palabras significan por convención, acuerdo o consenso entre los seres humanos. Aristóteles es el portavoz de esta posición y sostiene que el conocimiento parte de lo sensible, pero sólo guarda una correspondencia convencional con aquél.

Esta visión del lenguaje capaz de hacer transparente lo real se mantuvo durante siglos en múltiples versiones, hasta que en el siglo XVII fue sustituida por la tesis ideacionista, que entendía al lenguaje como representación de las ideas contenidas en el pensamiento. Comprender el significado de un enunciado consistía reconocer ideas, reconocer conceptos mentales. Entonces, el lenguaje se convirtió en instrumento y mediación del pensar dado y a través del cual era posible explicar y ordenar el mundo.

Este tema del pensamiento griego estimuló permanentemente a los filósofos occidentales a que reflexionaran sobre el lenguaje; es un tema que interesó a los escolásticos en general - a los racionalistas como Descartes y Leibniz, a los empiristas como Locke y Hume, a sensualistas como Condillac y a otros filósofos como Bacon, Hobbes y Spinoza- quienes concebían al lenguaje como expresión del pensamiento. En este proceso, la lengua fue reducida a un agregado muerto de términos y reglas gramaticales que se utilizaban con el fin de “expresar”.

En el siglo XVIII, con los lingüistas alemanes F. Bopp y W. von Humbolt, la lengua va ser considerada como un “ser”, como un organismo con vida propia, dotada de una organización interna que se manifiesta en la actividad del habla. Según Humbolt, el lenguaje no debía ser entendido ni como expresión ni como una actividad del espíritu, pues no consideraba al lenguaje una obra sino una acción, cuya actividad consistía en “conformar” algo “ya dado” y que los problemas del lenguaje van unidos a su esencia, le son propios y por lo tanto deben ser explicados y resueltos en sus términos dada la inmanencia de los mismos.

Kant - a diferencia de Hume que consideraba el problema de si existe o no la realidad como insoluble- reconocía la existencia de la realidad pero fuera de nosotros y que no era posible conocer. Es decir, reconocía la existencia de “la cosa en sí” pero no podía ser “cosa para nosotros”.

 De acuerdo con la teoría de los reflejos, fundamento de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico, el materialismo filosófico marxista sostiene la cognoscibilidad ilimitada del mundo material y reconoce la existencia del mundo exterior y su reflejo en la conciencia. Las ideas son reflejo de la realidad. Los conceptos son sólo copias, imágenes, reflejos del mundo objetivo, de “lo real que sigue existiendo más allá y más acá de su percepción y/o constitución por el discurso” (Grüner, 1998: 56)..

En la actualidad se manifiesta una gran diversidad de planteamientos, algunos inspirados en fuentes postestructurales y postmodernas; se expresa una “pérdida de fe en los signos,  producto de las crisis de los lenguajes y la desconfianza en su capacidad de representación” (Huamán, 1999a:107). Resulta difícil pensar que el sujeto sea capaz de obtener un conocimiento verdadero y objetivo de la realidad, lo que si puede hacer el sujeto es explicar e interpretar la realidad, dentro de una lógica organizada de lo real. Interpretamos lo que vemos y a eso lo llamamos realidad o como diría Desiderio Blanco: “La vida es como la vemos. No la vemos como es.”

 

Desde la perspectiva de la Escuela de Frankfurt, no cabría la posibilidad de una perspectiva neutral en cuanto al concimiento pues el razonamiento responde a una contextualización social e histórica, que influye inevitablemente en el conocimiento que produce. Es decir, que todo pensamiento acerca de la realidad es relativo a partir del reconocimiento de la existencia de un mundo exterior, enmarcado en un tiempo, un espacio y una cultura que enmarca también la lengua que se utiliza. Entonces, no hay posibilidad de un conocimiento o razonamiento objetivo porque no hay manera de que se descontextualice; sino fuera, precisamente por esta vinculación, el razonamiento podría pretender tener una vigencia o validez universal.

 

SOBRE EL DISCURSO ANTROPOLÓGICO EN RELACIÓN A LA CINEMATOGRAFÍA

 Si la realidad no puede reflejarse sino sólo interpretarse de diferentes modos, a partir de eso asumimos que la cinematografía no refleja la realidad, pero sí cumple funciones hermenéuticas, interpretativas dado que muestra hechos que interpretamos por realidad sociocultural; razón por la cual es posible y necesario interesarnos por al cinematografía como un espacio de discusión antropológica, más aún cuando en lo que respecta a la Antropología Visual, “no existe todavía una suficiente tradición en el país” ( Degregori, 2000:17).

En efecto, la mayor parte de los trabajos etnográficos se encuentra en textos y artículos, donde lo visual –desde los filmes hasta los dibujos y fotografías- son utilizados como instrumento ilustrativo o recurso en la investigación soslayando todas las posibilidades que éstos apuntan como lenguajes “alternativos”[1]. Es decir, la antropología tradicionalmente apeló a lo visual o audiovisual mientras estos se mantuvieran en una condición de “documental” y no pretendieran corromper la objetividad , seriedad y rigurosidad “científica” con la “ficción”.

“Para obtener una aproximación fructífera a este par de conceptos [documental/ficción]  hay que señalar que el desarrollo del cine puede verse como partiendo de una inicial inmediatez de corte documental, para pasar luego a una progresiva inclinación del lado de la ficción. Esta distinción reposa sobre un malentendido, pues todo film de ficción documenta su propio relato- a través del acto analógico de la filmación- cunado menos las bases materiales que lo hacen posible- actores, decorados, etc.- y todo film documental ficcionaliza una realidad preexistente, por la elección del punto de vista.

¿Basta, pues, afirmar que todo es ficción?”  No, en tanto que hacerlo me manera muy radical puede llegar a ocultar que documental y ficción pueden distinguirse, no en relación con sus referentes, sino en tanto que estrategias diferenciadas de producción de sentido  (Zunzunegui, 2003: 150)

 

Inicialmente y por mucho tiempo, los antropólogos buscaron y hasta presumieron de la objetividad de sus trabajos etnográficos. Es decir, como los cineastas en sus comienzos que realizaban las tomas desde un punto de vista fijo, los antropólogos captaban la realidad. Pero esta objetividad de la que presumían no pasaba de ser una utopía porque poseía, indefectiblemente, el punto de vista del observador.

 

La cinematografía o el cine para utilizar un término más generalizado, es un arte, es decir, una forma peculiar de creación artística, y como tal está dotado de un lenguaje propio- el de las imágenes fílmicas- que exige una técnica. La cinematografía estableció una grafía del movimiento y en ese sentido significó un gran paso con respecto a la fotografía, reducida, entonces, a la grafía de las figuras. La cinematografía nació como una representación objetiva  de la realidad. Basta con recordar las primeras películas de los hermanos Lumiere: la salida de los obreros de las fábricas, la llegada de un tren a la estación de La Ciotat, etc ; posteriormente, pero aún antes de posicionarse como un verdadero arte, simplemente imitaba y reproducía lo que hacía el teatro. Recién se convierte en un instrumento de expresión, de creación artística, en auténtico arte cuando permite pensar en imágenes a través de la utilización de éstas y crea un locus nuevo, distinto no sólo del mundo real, sino también de los otros universos estéticos, como la literatura, el teatro, la música o la pintura.  En referencia al producto artístico, es la literatura – y no la pintura o el teatro- con quien la cinematografía tiene un mayor acercamiento. Ya sea en la construcción cinematográfica como en la construcción literaria- específicamente, por ejemplo, una novela- el punto de partida es una unidad mínima, el fotograma o morfema que se unen para formar otra unidad de significado propio, el plano o la palabra, que forman a su vez una escena o sintagma, y éstas secuencias u oraciones, finalmente partes o párrafos del filme y el texto literario, respectivamente.

El cine permite varias lecturas: artística, técnica, comercial, empresarial y también  histórica y sociocultural pues es posible a través suyo  un acercamiento al “modo de ser y ver el mundo” de los diferentes grupos humanos. Además de la lectura mediática, pues el cine es un medio de comunicación social que permite la transmisión de mensajes, modelos de comportamiento y sugestiones estéticas a una audiencia a través de las imágenes en movimiento.

Nuestro acercamiento a la cinematografía en relación a la antropología está limitado a la percepción de su discurso y deja de lado el proceso técnico de realización del filme, la producción, distribución y exhibición del mismo; de ser posible hasta lo artístico se dejaría de lado- pero eso sería tan iluso como abandonar la literialidad en una novela- pues el filme perdería entonces su misma esencia que es su condición de arte.

El énfasis de la investigación tiene que ver con el tema de la percepción visual, con la posibilidad de pensar y reflexionar a través de las imágenes acerca de la realidad sociocultural. Lorenzo Vilchez al comenzar su texto La lectura de la imagen  hace referencia  a que:

“Una fotografía, un filme, un programa de televisión no son ningún espejo de la realidad. Aunque Bazin comparara la pantalla de cine con una “ventana abierta al mundo”, ninguna imagen es, en todo caso, un espejo virgen porque ya se halla en él previamente la imagen del espectador. Las imágenes en la comunicación de masas se transmiten en forma de textos culturales que contienen un mundo real o posible, incluyendo la propia imagen del espectador. Los textos le revelan al lector su propia imagen” ( Vilchez, 1995: 9).

Rudolf Arnheim , discípulo de los grandes maestros de la Gestaltheorie[i], sostiene que la obra de arte no es tan sólo una imitación o duplicación selectiva de la realidad sino una traducción de características observadas en las formas de un medio determinado” ( Arnheim, 1968: 11)

Quienes participan del modelo de los estudios literarios consideran que es un mito, una falacia referencial  que  “la literatura (refiere) refleja nuestra sociedad (Huamán, 1999a). Ergo, dentro de esa lógica también entraría en la categoría de falacia referencial el considerar que el cine refleja nuestra sociedad.

La comunidad científica, devenida en postmodernista, reconoce que la realidad social está construida de las representaciones que nos hacemos de ella; esas representaciones en algún sentido también contribuyen a formar la realidad; es decir, concluyen que la “realidad es un texto”  y las imágenes, en esa lógica, resultarían  textos que representan a otro texto: la realidad.

El cine, como las demás artes no es la realidad, pero forma parte de ella y a partir de este reconocimiento es nuestro acercamiento, como espacio donde se pueda analizar aspectos y temas que corresponden a la disciplina antropológica. Puede resultar un poco complicado escoger realizaciones cinematográficas que de alguna manera u otra no contengan un mensaje antropológico, y esto debido a los alcances que la antropología como ciencia abarca, nada más ni nada menos, que la diversidad de la condición humana desde una perspectiva holística, integradora, totalizadora; pero una observación más precisa y detenida permitiría ubicar en las películas relaciones más cercanas y específica con otras disciplinas como a sociología, la política, la religión, el derecho o la economía, entre tantas otras.

Según Roberto Rossellini[ii],”lo importante es proporcionar a la gente elementos para que puedan comprender”. Esta frase de Rossellini, acerca de la actividad cinematográfica, tiene una fuerte connotación antropológica porque la antropología- estudio de la humanidad, de los pueblos antiguos y modernos, y de sus estilos de vida (Harris, 1996:13), tiene como auténtico fin, el más desinteresado- aunque a veces haya compartido objetivos más mezquinos- el reconocimiento y comprensión de la alteridad.

A la pregunta ¿qué requisitos debe cumplir un film como discurso  antropológico? Acercarnos al alter, acercarnos al modo de ver el mundo de los diferentes grupos humanos, a las diferentes formas de vida y patrones de conducta, a sus costumbres, hábitos, creencias, capacidades, lenguajes, ritos, conflictos, debilidades y contradicciones.  La antropología ha intentado de dar una respuesta –en algunos casos hasta una solución- a este problema de la alteridad desde diferentes enfoques teóricos, desde las primeras explicaciones evolucionistas hasta las hermenéuticas. En el trayecto ha habido marchas y contramarchas culturalistas, funcionalistas, estructuralistas, ecologistas y muchas otras; un modelo derrumba al otro, pero el problema no pierde vigencia y continúa perfilándose- tras el derrumbe de un paradigma tras otro- como la razón de ser de la antropología.

 “Yo le pido al cine que sea un testigo, que rinda cuentas del mundo, que diga todo lo que es importante en lo real. La realidad es múltiple y puede tener mil significaciones diversas para hombres diferentes”

Para cineastas como Luis Buñuel, era un imperativo que el cine dijera todo lo que es importante en la realidad, pero además le reclama a la cinematografía un compromiso cuando le puede que rinda cuentas al mundo. Su posición lo conduce del testimonio al compromiso. En la cita consignada, se pone de manifiesto el Buñuel que supo combinar junto al surrealismo un compromiso irreductible con la reivindicación humana; pero también vemos que se proyecta como hermenéutico cuando encuentra que los hechos pueden ser interpretados de diferentes maneras según sea el lector.

La construcción de conceptos antropológicos ha sido hasta el momento patrimonio de la etnología, donde la fotografía y los filmes han ocupado un papel secundario de ilustración del texto, como medio para la investigación, eludiendo la validez de la imagen  per se como lenguaje “alternativo”  en la construcción del conocimiento etnológico. Entendida la antropología visual como un modo de hacer antropología, y no como un medio o simplemente una técnica, es posible concluir que el cine es etnologizable.

 

BIBLIOGRAFÍA

Arnheim, Rudolf (1968) El cine como arte. Ediciones Infinito, Buenos Aires.

Bourdieu, Pierre (1982) Lenguaje y poder simbólico.  

Degregori, Carlos Iván (2000) No hay país más diverso. Compendio de Antropología

urbana.  Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, Lima.

Grünner, Eduardo (2001) “Introducción. El retorno a la teoría crítica de la cultura: una introducción alegórica a Jameson y Zizek”. En Jameson, Fredric y Slavoj Zizek, Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Paidós, Buenos Aires.

Harris, Miguel Ángel ( 1996)  Antropología Cultural. Alianza Editorial, Madrid.

Huamán, Miguel Ángel (1999a) “literatura y sociedad: el revés de la trama”. EN  Revista de Sociología. EAP de Sociología, UNMSM, Lima

Huamán, Miguel Ángel( 1999b) “Tradición narrativa y modernidad cultural peruana”. En Logos Latinoamericano. Año IV, Nº 4, Lima

Vilchez, Lorenzo(1995) la lectura de la imagen. Prensa, cine, televisión.  Paidós, Barcelona.

Zunzunegui, Santos (2003) Pensar la imagen. Ediciones Cátedra, Madrid.

 

[1] El lenguaje verbal no es el único capaz de crear significados; también a través de las imágenes es posible el pensamiento portador de significados

 

[i] La Escuela de la Gestalt creada por Wertheimer en 1912 fue algo más que una escuela de psicología y gran parte de lo que hoy sabemos acerca de la percepción visual es gracias a ella; asimismo su enfoque holístico de la experiencia humana no es extraño para la reflexión de la antropología.

[ii] Roberto Rossellini (1906-1977), director de cine italiano, es considerado por su película Roma, ciudad abierta el iniciador del movimiento neorrealista. 

 


NOTAS:

[1] La Escuela de la Gestalt creada por Wertheimer en 1912 fue algo más que una escuela de psicología y gran parte de lo que hoy sabemos acerca de la percepción visual es gracias a ella; asimismo su enfoque holístico de la experiencia humana no es extraño para la reflexión de la antropología.

[1] Roberto Rossellini (1906-1977), director de cine italiano, es considerado por su película Roma, ciudad abierta el iniciador del movimiento neorrealista. 

Autor: 
Lic. María Victoria Cao